... pueden ir a peor, y no sólo pueden si no que lo hacen, como decía un antiguo profesor de la Universidad, "impepinablemente".
Ahora que termino la semana (eso creo, hoy es viernes y sólo quedará el sábado por trabajar) me tomo unos minutos para empezar a redactar esta entrada que tendrá que ir por partes y ser corregida varias veces para que quede correcta y educada, para que no llegue más allá de donde debe ni se quede demasiad atrás...
En fin, allá voy, y que alguna luz me guíe... La semana comenzó de manera diferente a la forma habitual pues me encontraba de viaje de trabajo, aunque era en un lugar por el que siento devoción... La cuestión es que parecía abrirse una posibilidad de trabajo por aquella zona y estábamos comenzando a dar pasos en esa dirección. Esa misma mañana habíamos quedado en visitar una empresa a la que nos habían invitado, meramente como muestra de cortesía, para devolver la confianza que nos habían mostrado en anteriores ocasiones. La cosa ya empezó, cuando menos "rara", porque nos perdimos con el coche y nos costó encontrarla un buen rato, acompañados de una mañana pasada por agua y sucesivas obras por nuestro camino... ¡qué os voy a contar! Finalmente llegamos a la empresa y cumplimos con la visita. Inmediatamente después nos dirigimos a la entrevista principal que teníamos ese día... odisea para aparcar, nos tocó meternos en un parking de pago, ir corriendo bajo la lluvia hasta el lugar de la cita y allí nos informan de que nuestra interlocutora no se encuentra en ese edificio, que tenemos que ir a otro que está a unos 200 metros (no es mucha distancia, pero lloviendo se hace un poco incordiante)... La entrevista no fue mal, la verdad es que me sentí cómodo, dentro de un orden pero, evidentemente no sacamos nada en claro, al menos por el momento. Total que fuimos a comer y emprendimos el viaje de vuelta a nuestra lugar de residencia habitual.
El lunes acabó sin más contratiempos... afortunadamente. Pasamos al martes. A mis años, he vuelto a estudiar, algo relacionado con mi trabajo actual, y me supone un pequeño trastorno en cuanto a mis horarios, que estoy tratando de ajustar. No me bastó con mi "maravillosa" estancia en la Universidad que vuelvo a por más... La culpa es mía. En el recreo recibo una llamada de mi compañero de trabajo todo alterado porque uno de nuestros clientes (y bastante bueno, por cierto, aunque no entiende bien eso de las horas libres y los fines de semana) le había echado una bronca por teléfono de órdago a cuenta de la última reparación, que eso no se hacía, que era un favor personal, que tomaría las medidas oportunas, etc, sin dejar a la otra parte hablar. Me explico.
La reparación en cuestión era de un portátil, pero no de la empresa, si no de su hijo. Parece ser que el hijo tenía que entregar un trabajo (de lo que me enteré más tarde) y que el office no le funcionaba. Como tenía que ir el jueves por la empresa a llevar material, le comento que acerque el portátil allí y le echo un vistazo (insisto en que yo no sabía nada de la entrega del trabajo). Manos a la obra y efectivamente, ningún archivo de Word, Excel, Access o Powerpoint se abren. Desinstalación al canto y vuelta a instalar... con el mismo resultado. Análisis de spyware, virus, etc con varias entradas de espías (algunas críticas), pero no de virus. Eso sí, el sistema estaba que se caía, creo que no se le había hecho un mínimo mantenimiento en años (y el padre ES informático) y lo utilizaba lo mismo que para estudiar (eso parece) para jugar y "messengear". Le explico la situación y todo su empeño era que tenía que ir A SU CASA (nuestros servicios se prestan para la empresa de la que es empleado) a formatearle allí el ordenador y dejárselo listo. Le explico que tengo que irme de viaje ese fin de semana por trabajo (como habéis visto) y que no puedo hacerlo. Le comento que para salir del paso, intente instalar el OpenOffice e intentar abrir los archivos con él y le entrego el disco que llevaba con el OpenOffice. Creí que el asunto se había quedado ahí, cuando el martes nos encontramos con el infierno saliendo por la boquita de este señor. Le llamo después para intentar aclarar la situación y en ningún momento me deja articular palabra, diciéndome lo mismo que a mi compañero y casi colgando con un golpe. Yo alucinaba en colores. Que se queje este tío por culpa del incompetente del hijo (y suya), que esperan a las vísperas de la entrega del famoso trabajo para darse cuenta de que el portátil no va, que pretenden que un servicio técnico de la empresa para la que trabaja, vaya a su casa, a las horas que él diga para hacer lo que él quiera... ya me parece aberrante.
Está muy mal acostumbrado, pues cuando han tenido problemas con los PCs (y algún Servidor, sin entrar en nuestras competencias) no nos ha importado repararlos de una tarde para la mañana siguiente o quedarnos allí en fin de semana (a precio de tarifa normal, por la confianza que había depositado en nosotros) para finalizar una avería grave, si ha necesitado asesoramiento, resolución de dudas... lo ha tenido en el acto, cuando no encuentra material, especialmente consumibles, lo encargaba aquí y ¡oh, milagro! se encontraba... así infinidad de cosas. Y ahora, por una negligencia suya (que no reconocerá en la vida) posiblemente perderemos este cliente.
Como dicen en mi pueblo, juegan los burros y pagan los arrieros.
Como esta entrada ha quedado larga, seguiré con "la semanita" en otra entrada distinta.
Saludos y hasta pronto.
viernes, 21 de septiembre de 2007
Cuando las cosas van mal... (1)
Etiquetas:
entrevista,
impepinablemente,
mantenimiento,
negligencia,
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