viernes, 14 de diciembre de 2007

A veces te llevas sorpresas

Bien, lo primero que tengo que hacer es pedir perdón por la tardanza en dejar esta entrada desde la última (casi un mes), pero como pudistéis comprobar en aquella entrada, los ánimos no andaban muy boyantes y tampoco ocurrían cosas merecedoras de ser reseñadas. Pero las cosas siempre toman el camino que les da la gana y no el que uno espera, ya sea por optimismo o por pesimismo.
En esta época estábamos abriendo nuestra actividad a una nueva labor, haciendo nuestro primeros pinitos en la creación de páginas web con un poco de elegancia y saber hacer. Todo sea dicho de paso, nos vimos empujados allá por la primavera por un colaborador que necesitaba un "cable" en aquél momento. Y la cosa fue degenerando hasta encontrarnos involucrados en tres proyectos web distintos.
Como suelo decir yo, Dios no me ha llamado por el camino del buen gusto, por eso los temas de diseño y "orden" dentro de las páginas las delegaba en otros. Pero ahora, mi compañero está demostrando que me supera ampliamente en lo que yo creía que controlaba un poco, en el HTML y el uso de los editores web. Así que me he visto relegado en esas funciones. Y no veáis qué placer, por fin me quito un tema de encima, hay otro que se puede encargar de un tema.
Y en esas andábamos cuando ocurrió lo siguiente. Desde el comienzo de nuestras actividades teníamos un cliente que era algo así como el summum al que podíamos aspirar. Y a cargo de ese cliente (institución) se encuentra una persona a la que estaremos eternamente agradecidos. Durante varios años estuvimos atendiendo a ese cliente lo mejor que supimos porque percibíamos una reciprocidad evidente del otro lado. Pero ese cliente fue creciendo mucho más rápido de lo que lo hacíamos nosotros y llegó un momento en que no podíamos cubrir todo lo que nos demandaba. Pero fuimos sinceros y no le ocultamos nuestras limitaciones. Aún así, siempre que podía nos pedía algo que él sabía que podíamos cumplir (todo un detalle) y nosotros respondíamos de la mejor manera que sabíamos. Pero la sorpresa llegó el pasado día 5. La empresa que ahora cubría el cometido que nosotros realizábamos cuando podíamos cumplir con lo solicitado, se encontró con una momentánea falta de personal. Y esa empresa le consultó al encargado de esa institución de la que hablamos si conocía a alguien que pudiera cubrir ese puesto temporalmente con garantías. El encargado, una vez más, se acordó de nosotros y le dió nuestros datos. Nos pusimos en contacto y llegamos a un acuerdo rápidamente (por tratarse de quien se trataba). Y hete aquí que hemos vuelto a aparecer por allí después de varios meses. Y algunas de las personas que allí trabajan, al verme aparecer, me han brindado un cariño que ha reconstruido mi alicaída moral.
Va a ser por poco tiempo (es una pena) pero creo que esto es una buena manera de terminar el año con una sensación de satisfacción que llevarnos a la saca.
Seguiré contando cómo se desarrollan los acontecimientos, pero el buen rato no me lo va a quitar ya nadie.