Llevamos ya unos años en los que se nos está bombardeando machaconamente para acusarnos de ladrones, mentirosos, defraudadores y roba-comida-de-la-boca-de-los-pobres a los que utilizamos habitualmente Internet. Es una táctica muy vieja, la mejor defensa es un buen ataque, aunque sea con argumentos falaces y tergiversadores, haciendo ver lo blanco como negro. Simplemente por tener un PC con acceso a Internet y una regrabadora, ya eres sospechoso de cometer un delito, aunque la ley diga que, incluso haciendo lo que esta gente dice, eso no es delito. Pero claro, si te bajas una canción por Internet, le estás quitando "su dinero" a los grandísimos artistas que pueblan este planeta. Un dinero obtenido de un negocio con fundamentos de comienzos del siglo XX (o antes) en pleno siglo XXI, en definitiva, un negocio arcaico y en vías de extinción, por mucho que se empeñen en lo contrario. Pero dejemos el lado materialista del asunto, ése que rechazan en público con la boca pequeña, pero que practican en todo momento. Dirijámonos al lado intelectual, casi diría que espiritual de la cuestión. Durante decenios estos mismos personajillos no paraban de repetir a los cuatro vientos que la cultura tenía que ser accesible para todos los ciudadanos, que todos debíamos poder adquirir cultura sin importar nuestro nivel económico. Curiosamente, desde hace unos años a esta parte, en los que la gente ha ido ganando posiciones tanto cultural como económicamente, se ha dado la vuelta a la tortilla. Cada vez demandamos más cultura (no esta papilla intragable que nos quieren suministrar) y la demandamos en mejores condiciones. Pues ahora, no, el que quiera cultura que la pague. Pues muy bien, pero tengan por seguro que "su cultura" no está hecha para "mi dinero". No son conceptos ajustables entre sí, no casan.
No estoy dispuesto a que, con mi dinero, algunos artistillas de tres al cuarto con una sola obra en el "mercado", vivan a todo lujo con sus caprichos satisfechos en lujosas mansiones, curiosamente lejos los que son sus supuestos fans. No me parece justa compensación por su trabajo porque, y ahora voy a hacer un poco de demagogia en opinión de los "artistas" aunque a mí no me parece así ni mucho menos, pongamos dos profesiones y hagamos una pequeña comparativa.
Tenemos a un cantante y a un ingeniero de puertos, caminos y canales. Supongamos que ambos escriben (diseñan) su obra, una canción y un viaducto de una autovía. Pongamos también que ambos intervienen en la ejecución de dicha obra. Pues resulta que el sistema está montado para que el cantante perciba ingresos de dicha obra durante toda su vida, ya sea por unos conductos u otros, y el ingeniero, una vez que ha entregado la obra, queda totalmente desligado de la misma para siempre, no percibirá más ingresos jamás por ella. ¿Qué diríamos si el ingeniero pretendiera cobrar un peaje a cada persona o vehículo que intentara pasar por su viaducto? Pues eso mismo es lo que hacen los artistas, cada vez que se interpreta su obra, ellos cobran, aunque estén a miles de kilómetros de ella. ¿No somos todos iguales, todos tenemos las mismas oportunidades? Pues no. El ingeniero está obligado a seguir ideando obras hasta su jubilación por un sueldo normalito (en el mejor de los casos). Vivirá en un pisito medio y no saldrá jamás del anonimato, nunca tendrá ese momento de éxito que nos venden ahora en los medios.
Y ahora salen las voces autorizadas de los artistas despotricando de Internet, de las nuevas tecnologías, ¡que viva el progreso! ¿Por qué tienen que recibir los artistas dinero por mi trabajo cuando hago una copia de seguridad de los datos de la empresa en la que trabajo?¿Por qué tienen que cobrar dinero los artistas cuando accedo a Internet para dar un servicio a los clientes de la empresa?¿Quiénes son los artistas para saber lo que hago cuando navego por Internet en busca de información para ganarme la vida?
Es aberrante que gente que no ha demostrado nada en la vida, viva de subvenciones públicas que pagamos tú, tú, tú, usted, usted también y yo. Y si todavía hicieran algo digno con esas subvenciones, tendrían un clavo al que agarrarse, además hacen auténticos bodrios infumables, siempre sobre los mismos temas y sin aportar nada original a la cultura. Se quejan de que la industria musical se va a pique: que se lo cuenten a los operarios de empresas que entraron en suspensión de pagos o en quiebra y que acabaron en el paro. Cuando un modelo empresarial se convierte en obsoleto, normalmente se hunde, por muchas ayudas públicas que se le aporten.
Además se permiten el lujo de insultarnos y de calificarnos de delincuentes, soslayando uno de los derechos inalienables del ciudadano, la presunción de inocencia (ellos que se consideran demócratas de toda la vida), incluso cuando los tribunales les quitan la razón (derecho a copia privada mientras no exista ánimo de lucro). Además, cuando yo compro DVDs es para garantizar los datos de la empresa, no hay ninguna canción ni película en ellos.
Van a conseguir que repitiendo mil veces una mentira, se convierta en verdad, como han hecho otros contínuamente.
viernes, 11 de abril de 2008
El arte de engañar
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1 comentarios:
Me parece muy acertada la comparación "músico-ingeniero".
Es real. Al fin y al cabo ¿No se aporta intelecto, imaginación, arte y cultura al solucionar un viaducto -por ejemplo-, y más hoy en que los factores de impacto ambiental se valoran como fundamentales?.
Muy bien por minerito1.
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